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¡Olvídese del dolor con Godofrí y su humor!

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“¿Tienes algo nuevo en la libreta?”

Esta pregunta pudo ser el comienzo de la gran aventura en la que nos embarcamos Iván Sarnago y el que escribe hace ya más de 6 años.

Una saludable costumbre que tenemos ambos es la de ir siempre cargados de libretas para apuntar ideas, chistes, bocetos, etc. En aquel momento, de principios del 2008, estábamos perpetrando lo que hubiera podido ser la serie animada de “Gurrumino, el ratón sietemesino”. Ya os podeis imaginar, estábamos en pleno brainstorming desbocado, de esos en los que das con ideas geniales para al menos estar entretenido.

Y, hete aquí, que se me ocurrió curiosear la libreta escolar en la que estábamos apuntando toda suerte de tontadas para dicha serie. Apareció ante mí un storyboard precioso (como no volví a ver otro) de lo que sería la primera página de un proyecto prometedor. ¡Y ya estaba diseñado el logo y todo!

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“Ah, eso…Eso es una prueba, para hacer un álbum rollo francés… Pero lo tengo aparcado, no me sale dibujar lemures.”

No habia terminado de decir eso, cuando Iván me miró y me dijo: “Oye, ¿y si lo dibujas tú? Es muy del tipo de cómic que te gusta hacer.”

“¡Pues claro que sí!” Ya tenía experiencia con el humor fanta-epico-terrorífico (toma palabro que me acabo de inventar), y me apetecía muchísimo empezar una serie regular.

Vinieron los primeros bocetos, en los que Tasio pasó de ser un mapache a un pariente filipino de Eva Hache, Sir Olivier creció a lo largo, y Cascabelle pegó el estirón. Podemos decir que los guiones los haciamos cada semana, sin tener muy claros los desenlaces. Improvisábamos. Buscamos referencias en el género, a cada cual más estrambótica para crear personajes que irian saliendo segun nos apeteciera dibujar una cosa u otra.

portada

¡Así salió lo que salió! Las iniciales pretensiones francobelgas dejaron paso al, no por simple menos importante, divertimento.

Si, un banco de pruebas, eso acabó siendo. No es fácil crear una cosmogonía; tienes que explicarlo todo y eso no se lleva bien con la soltura y la improvisación.

Pero pese a las chorradas como pianos y ciertos bajones en el dibujo, creo que merece la pena la lectura de la primera temporada (lo mismo la reponemos un día): sonrisillas conejeras como poco sí que podemos garantizar. Nada más, pero tambien nada menos.

Ahora, más rodados y con una buena base, ya estamos en condiciones de prometer que vamos a dar el 200% en las actuales y futuras publicaciones de este título.

Y dejándonos ya de nostalgias y justificaciones, tan sólo me queda agradecer tu interés por este humilde cómic en grapa.

¡Un saludo, mozas y mozos!